Ahora que en media España se vive Halloween como una tradición heredada de segunda mano, se me viene a la cabeza la primera vez que escuché a Helloween (con e de "Hell", infierno). Corría el año 1987 y ellos acababan de sacar el disco con el que pasarían a la historia, "Keeper of the Seven Keys (part I)", un disco que además llegó a todos los corazoncitos metaleros a través del boca a boca. Aunque en esa época sí había algo de hueco en las radios y los programas de televisión que programaban videoclips para alguna que otra banda de metal, éste estaba casi siempre reservado para el hair metal y las baladas con punteo que sonaban en el American Top 40. A no ser que se acudiera a otros programas y emisoras más especializados, claro está, pero a veces no sabíamos ni que existían.
Así pues, el sitio en el que me tocó descubrir a este grupo de heavies alemanes, que acababa de fichar a un sorprendente y personal vocalista de 18 años llamado Michael Kiske, fue nada más y nada menos que un puesto de casetes y camisetas del mercadillo de la ciudad en que vivía por entonces (no deja de tener su punto descubrir al grupo de la calabaza en un tenderete rodeado de puestos de frutas y verduras), en el que se mezclaban las cintas del Tijeritas y el Fari con algunos grupos de metal del momento. Mientras hablaba de música con el chico que vendía los casetes, me puso "Future World", el tema más accesible del disco sin discusión, y eso me bastó para ver que estaba ante algo grande. Cuando me hice con el disco, pese a detectar la clara influencia de bandas como Iron Maiden y Accept, no pude sino quitarme el sombrero ante esos 37 minutos de música que, por entonces, me parecieron totalmente revolucionarios. Pero lo que más me llamó la atención fue, y de ahí el motivo de este artículo, esa pieza que ocupaba casi toda la cara B del disco, llamada "Halloween" (con a, en este caso):
Acostumbrado a que los temas de esta duración tuvieran un desarrollo lento y largo, como en el rock sinfónico, o partes muy tranquilas y pausadas, como ocurría con algunos temas de Dire Straits o Iron Maiden en directo, o simplemente fueran el resultado de estirarlo como un chicle en su versión en directo, la intensidad de estos 13'18'' me cogió por sorpresa.
Lo que sigue ya es historia: el grupo sacó una segunda parte del disco (que inicialmente iba a salir junto a éste, como disco doble), que tuvo más repercusión comercial, llegándose a grabar incluso un videoclip bastante cachondo en España, concretamente en Pamplona:
Aunque el grupo no abusó demasiado de esta fórmula, sí que encontramos algún que otro tema más en su discografía que supera los 10 minutos de duración, pero indiscutiblemente, sin la frescura de este primero.
